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Doña Celia: Llampu
     
 

Una tarde lluviosa, de marzo de 2011, visitamos el taller de Doña Celia, ubicado en Villa Armonía, una de las zonas afectadas por los derrumbes, causados por las fuertes lluvias de la temporada. Afortunadamente, el desastre no comprometió el sector donde se encuentra el hogar y lugar de trabajo de esta hábil artesana que nos cuenta su historia:

“Mi madre era artesana, ella me enseñó a tejer. Yo estudié para ser profesora”. Al igual que muchas artesanas, Doña Celia aprendió el oficio de su madre y, después, le transmitió sus saberes a su hija: “mi hija es mi gran apoyo a la hora de tejer”.

“Trabajo con cinco tejedoras, desde hace 11 años. Todas mis tejedoras están en El Alto, en el barrio Tahuantinsuyo, salvo dos que viven en la zona, pero ahora no puedo contar con ellas por estos problemas de los derrumbes”, comenta muy afligida.

El taller es sólo el lugar de acopio. Las tejedoras que Doña Celia contrata trabajan desde sus casas, eso les permite atender a sus niños.  

Para controlar la calidad de la mano de obra, a medida que avanzan, las tejedoras y Doña Celia han acorado un método de trabajo que consiste en reunirse periódicamente: “Con las artesanas nos reunimos cada tres meses, en sus casas, para hacer el control de la mano de obra, dejarles las nuevas prendas para que repliquen y para pagarles”.

“Trabajo a mano, con palillos. También hago los diseños, al menos que el cliente ya tenga los suyos. Cuando me llega un modelo yo lo tejo a mano, tengo que sacarlo idéntico, con el mismo número de puntos y el tamaño exacto, para luego entregarles a las tejedoras para que repliquen. Aquí, en el taller, ponemos los botones, bordamos, hacemos el acabado, planchamos, cocemos las etiquetas, hacemos los instructivos, embolsamos, todo eso”.

Gracias a la calidad de sus prendas, Doña Celia cuenta con una importante cartera de clientes: “Trabajo con Ayni, Ciudad Bebe y otros clientes. También trabajé para Alemania. Ya tengo a mis clientes fijos”

Lamentablemente, no corrió con la misma suerte desde sus inicios: “Abrí una tienda en San Miguel y me fue mal, no había ventas. También tenía mi tienda en la Linares, ahí vendía bastante bien, pero igual me fue mal porque entró un ladrón y me limpió la tienda y, después de eso, la tienda nunca más pudo recuperarse. De ahí, que ni mi marido, ni mis hijos querían que vuelva a tejer, pero yo de ver los colores sufría y me daban tantas ganas de tejer que entré en depresión, pero gracias al taller y a mis clientes pude volver a tejer".

“Me encanta la lana de alpaca. Tejer es mi pasión y mi fuente de ingresos, todo el año vendemos, con la bendición de Dios, las temporadas altas son de mayo a diciembre”, afirma la artesana.

Doña Celia participó en muchas ferias nacionales e internacionales y fue ahí donde conoció a la Caserita.com, con quien trabaja desde hace cinco años “La Caserta me encontró en una feria, Kipus. Luego, Giovi fue a visitarme y me pidió que trabaje con ella”. 

Ver los productos de esta artesana 

 
   
   
 

Comentarios - Dejar un comentario

 
     
 
22 Juillet 2012 - adriana carrasco - (Australia)
      Siga adelante Sra. Celia,la felicito de todo corazon.
 
 
     
     
     
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