Elizabeth Campos, con quien trabajamos desde el año 2009, nos abrió las puertas de su taller, donde nos recibió con la mayor hospitalidad y nos permitió descubrir el mundo del diseño y la producción de las prendas en lana de alpaca.
El taller pertenece a su casa, la misma que se encuentra en Villa Pavón. Villa Pavón, es un barrio pintoresco, de casas antiguas y callecitas estrechas, ubicado a 5 minutos del centro de La Paz, donde se encuentra el increíble mirador de Killi Killi.
Doña Eli, como le dicen sus seres queridos, trabaja con cinco artesanas (cada una dispone de una máquina), la tarde de nuestra visita sólo estaban dos. Una de ellas tejía con la ayuda de una máquina (Brother antigua) y la otra realizaba hermosos ornamentos a crochet.
Luego de acogernos, Doña Eli, empezó a contarnos un poco de su historia:
“comencé tejiendo a mano (a palillo, lo hacía rápido, en un cerrar de ojos), unas chamarras que tenía que entregar al súper (supermercado)…me cansaba tejiendo a mano y decidí aprender a tejer a máquina y aprendí en sólo tres meses, en un instituto…empecé con sólo una máquina.
En un principio trabajaba con el magisterio, con las profesoras del colegio de mis hijos, que aquí no más estaba. Yo siempre diseñé los
modelos. Trabajé para ellas, sola, durante dos años. Me daba un poco de miedo, pero agarré un tejedor, porque yo a la vez atendía la casa…no sabía donde vender, luego busqué una feria y entré al Handal, a un stand, primero tuve que llevar unas prendas de muestra y me aceptaron. Entré ahí con sólo cinco chompas, por eso me pone de ejemplo el dueño, y
poco a poco fui haciendo clientela. Después, me dejó de gustar la feria, empezó a subir el alquiler… me salí y agarré otro tejedor…empecé a buscar contratos, trabajé para colegios, para la Aduana y un año hice 250 chompas y luego empecé a trabajar en alpaca (ponchos, ruanas, ropas para bebé, chompas), trabajé con Waliki y ahí comenzamos a exportar, ahí aprendí a hacer un acabado más fino. Luego trabaje con Inti Wara, con Terra Alta, Crisan… he ido buscando para aprender más, aprendí a hacer el control de calidad….también trabajé con Mónica Zamora, con Lam…son 12 años que ya estoy en esto…Participé en una Feria con Patricia, mi socia, con quién tengo dos tiendas (una en la calle Murillo y otra en la Linares), y ahí conocí a Giovi de la Caserita con quienes trabajo hace un año y con quienes deseaba trabajar desde hace mucho tiempo…”
Esa es la historia de la empresa Sumaj Maki, que significa “buena mano” en aimara…